Reflexiones

Quisiera abrazarle. Pero no está aquí…

Pues sí, lo extraño… Y él debería saberlo. Porque hasta el poema ha callado, se ha entristecido; ya no sonríe, ya no rima… Creo que ya se ha ido. Y cuando la poesía se va, a mí se me va la vida. Ya no hay motivo ni razón para que yo escriba. Cuando la poesía se va, no hay nadie que me entienda, como lo hace la hoja blanca, la tinta y el beso de la pluma en mi consciencia. Esa que ama, que sólo siente, que se entrega. Cuando se va la poesía por mucho tiempo yo me desvanezco, y al desaparecer yo, se esfuma todo sentimiento. Y me da miedo extrañarlo… Soy sincera. Porque al hacerlo, dejo de amarlo, porque al hacerlo no escribo, porque se vuelve pena la espera, porque su ausencia se vuelve una condena… Porque me doy cuenta que tanto espacio sin saberle, es motivo para dolerme. Porque no quiero llorarle. Porque quisiera abrazarle. Pero no está aquí… Está allá, donde nisiquiera mis letras alcanzan a tocarle.

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