Cada instante que paso lamentando el pasado,

es tiempo que no vivo.

Cada instante que paso angustiado por el futuro,

es tiempo que no vivo.

Tiempo al servicio del sufrir,

tiempo consumido entre sombras,

caminando tembloroso de la mano del miedo,

respirando pesado por las culpas y el reproche.

Tiempo de espinas y rudezas,

atrapado en luchas que detesto,

es esfuerzo infinito a cambio de nada,

es desgaste y castigo a mi esperanza.

Tiempo donde no me dejo abrazar por tu bondad,

donde no agradezco tu presencia ni tus gestos,

donde soy insensible a tu rostro y a tu alma,

donde no sonrío ni hacia fuera ni hacia dentro.

Tiempo anclado en un ayer que ya no existe,

persiguiendo un mañana por naturaleza incierto,

es tiempo precioso gastado en vano,

oro cósmico para siempre perdido.

Sólo en la fugacidad de Este momento,

en este pulso continuo que ante nada se detiene,

es donde la inspiración alumbra generosa mi camino,

y mis problemas encuentran sus ansiadas soluciones.

Cada instante que navego por el eterno presente,

abriéndole mis brazos como velas al viento,

es tiempo donde sólo el amor es quien me impulsa,

tiempo donde soy libre para gobernar mi rumbo.

Cada instante que confío en la riqueza de la vida,

que me rindo a sus maravillas y misterios,

es tiempo que no sufro,

es tiempo que SÍ vivo.

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