Confesiones

Si ellos son infieles. ¿por qué nosotras no?

Desde pequeña mi papá ha dedicado su vida a cuidar de mí; todo el tiempo me cocinaba, me llevaba a ver películas y salíamos a jugar cuando él no trabajaba. Me peinaba como Nikki Sixx cuando mi mamá no estaba, jugábamos fútbol aunque yo no era capaz de patear el balón y hacíamos headbang con nuestras melenas cortas. Me llevaba corriendo por las calles empinadas mientras mis pequeños pies volaban en el aire y me enseñaba a manejar aunque no alcanzara los pedales; yo era su modelo favorita cuando él sacaba una cámara y me dejaba meterme en sus enormes zapatos para caminar por la casa.

Crecí pensando que todos los hombres eran así. Hasta que llegué a la pubertad y un par de ojos color miel me pestañearon; él y yo tuvimos un roce de manos “accidental”, desde entonces olvidé por completo las buenas acciones que mi papá me había demostrado y di por inaugurada mi irremediable atracción a los patanes. No es que me guste tenerlos cerca de mí o que sea yo quien los busque. Ellos llegan a deshacer mi autoestima, a hacerme llorar y a romper mi alma en pequeños trozos una y otra vez. El chico de los ojos de miel se aburrió de mí y llegó el chico de la nariz perfecta con sus mentiras, las que le sirvieron para ganar una apuesta. Más tarde se hizo presente el joven manos de pulpo que sólo me perturbaba y, sin más, se harto de tocar siempre lo mismo. Él le cedió su lugar al hombre de los favores eternos, mismo que absorbió mi vida por un tiempo y, por último, el chico de la sonrisa coqueta, cuya dentadura me alegraba los días… al igual que a otras dos chicas.

Además de ellos, en mi vida han existido otros chicos que con sus acciones sólo me hacen pensar que la patanería no es la excepción, sino la regla. No sólo me ha tocado estar con ellos, sino con otros que mienten, juegan, olvidan y pisotean. Desafortunadamente, cada uno me ha dañado de sobremanera e –irónicamente– la única vez que un chico de buen corazón y sentimientos agradables se interesó en mí, terminé por fastidiarlo, dándome cuenta de que gracias a que me había topado con tantos patanes, me estaba convirtiendo en uno. Por ello, me di a la tarea de enlistar aquellas actitudes que inconscientemente nos convierten en “patanas” y que por miedo, pena u orgullo no aceptamos o ni siquiera identificamos.

 

Te aprovechas de que no puede decirte “no”

«A veces, luego de un día cansado de trabajo, le digo a mi novio que pase por mí y la verdad, como estoy harta, pongo mi música favorita en su carro, le subo y así me relajo. No me puede ir hablando y me siento feliz».

Sabes que él hará hasta lo imposible por verte feliz. No puede negarse a tu cabello y tus ojos. Si le pides que pase por ti o que te lleve a cenar, nunca se negará. No hay nada de malo en pedirle un favor; no obstante, abusar pidiéndole que todos los días vaya por ti a la oficina, que te compre cosas o que pague tus deudas, podría ser señal de violencia en su contra.

Le mientes sin remordimiento alguno

«Yo sé que a él no le cae una amiga porque es muy liberal, por eso, cuando la voy a ver no el digo nada. Lo mismo los viernes cuando voy a las fiestas de mi trabajo. Sé que me pediría ir y no quiero llevarlo, sólo quiero pasarla bien».

Tal vez tus amigos no le caigan muy bien o al revés. Quizá sólo quieres un día libre del noviazgo. Probablemente hoy estás muy cansada para verlo… No le mientas y díselo. Él entenderá que quieras o necesites un un día off. Quizá si le fueras sincera, él podría darse también un día para él y sería un respiro para la relación. De igual manera, si algo de él no te gusta del todo, podrías decírselo y evitar futuras peleas y reclamos.

Coqueteas con otros de manera consciente

«Un día fuimos a un bar y el mesero me coqueteaba. Le seguí el juego para tener alguna bebida gratis aunque mi novio estaba ahí».

Es lo peor que puedes hacer. Pestañearle al chico de enfrente mientras están cenando o sonreírle lindo al de la fila del cine. El respeto es recíproco y si alguno rompe esa regla, todo se estará yendo al precipicio.

Te aprovechas de su vulnerabilidad

«Una tarde, él se sentía triste porque en su familia había pleitos grandes. Ese día se estrenaba una película de Tom Hiddleston y no me la quería perder. Mi novio sólo quería recostarse y que lo apapachara, pero lo convencí de ir a verla diciéndole que se sentiría mejor distrayéndose aunque sabía que él no le gustaba salir si estaba triste ni las cintas de Hiddleston. Accedió».

Como todo ser humano, podrá tener días malos y días buenos, pero ¿por qué aprovecharse de los malos? Dale tu apoyo si lo necesita, quédate en casa un día a abrazarlo, coman en su lugar favorito… Trátalo bien cuando esté vulnerable. Bríndale un espacio y haz que se reconforte, más no que tenga que preocuparse más.

Comienzas un juego sexual y no lo terminas

«Me gustaba prender a mi ex y luego dejarlo así. Él odiaba eso, así que cuando nuestra relación ya estaba yéndose al diablo, lo hacía seguido y él siempre terminaba enojado».

Es feo que una mujer no concrete el acto sexual cuando tiene ganas de hacerlo, pero cuando un hombre no lo hace o no eyacula, afecta su salud y les causa dolores. Si no quieres tener nada con él, lo mejor es que no empieces o sigas el juego previo. Aunque parezca que ellos sólo piensan en sexo, no es así, algunas veces de verdad querrá hacer el amor o pasarla bien contigo.

Lo obligas a que no vea a sus amigas

«Si vamos a andar, no tiene por qué tener amigas. Sé que de una u otra manera, ellas son unas aprovechadas».

La amistad entre hombres y mujeres sí existe y no tiene por qué mutar a un romance. Por el contrario, a veces las amistades más genuinas son entre personas de sexos opuestos. Si no ha tenido nada con esas amigas, no lo tendrá estando contigo. Confía en él.

Cuando él opina diferente a ti, no descansas hasta imponerte

«Un exnovio y yo peleábamos constantemente por tonterías, una de ellas fue por ver quién era mejor si Paul (McCartney) o John (Lennon) y como sus argumentos por Paul iban ganando, me enojé y le grité tanto que terminamos ese día».

Respeta su opinión. Puede que difieran, pero eso no significa que uno esté equivocado. Son sólo puntos de vista diferentes y de hecho, eso hace de una pareja un complemento ideal. Respétalo y dale tus argumentos, pero escucha los suyos.

Culpas de todo a los hombres

«Cuando peleaba con mi ex siempre le gritaba “¡todos son iguales!”. Era mi defensa».

No todo es culpa de ellos. A veces nosotras despertamos con el pie equivocado. Además, no todos son iguales. Hay hombres que son unos completos patanes, pero también están lo que son un verdadero dulce. ¿Vale la pena generalizar cuando quizás el chico a tu lado es el dulce?

Aceptas citas teniendo una relación

«Si ellos son infieles. ¿por qué nosotras no?»

No se trata de ver quién es más infiel, no es una guerra de sexos. Si tienes una relación respétala, a menos que hayan llegado a cierto términos, pero recuerda que lo que hagas es en función de ese acuerdo, ni más ni menos.

En ocasiones, las circunstancias en las que vivimos o las experiencias que nos ha tocado vivir nos afectan al grado de apropiarnos ciertas actitudes que terminarán por redefinirnos. No lo permitas. Todos tenemos derecho a flaquear de vez en cuando, pero eso no significa que tengamos que ser agresivos o patanes, en especial si es con una pareja que nos brinda seguridad y cariño.

Si la vida te patea constantemente, no le devuelvas las patadas, mejor levántate y demuestra que no tiene por qué hacerlo, eres mucho más que eso.

Hemos aprendido muchas cosas de los patanes, por ejemplo, todo aquello que no debemos hacer y cuál es el complejo que nos hace caer en sus redes. Quizá estemos repitiendo patrones y culpando a quien no deberíamos.

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