Lo mirabas desde lejos, pero nunca le diste atención.
Lo conociste, casualmente entró a tu vida.
No pensaste que sería alguien en ella.
Hablaron horas, tenían tantas cosas en común, que siguieron hablando, día y noche, todos los días.
Nunca te aburrías de el, de sus tonterías, de cada palabra que te escribía.
Se hizo importante para ti, salieron, lo besaste y en ese momento descubriste algo; te enamoraste, estabas loca por el.
Lo quisiste demasiado, el también te quiso.
Las cosas fueron así, por el tiempo que debieron ser.
Cambió.
El cambió.
Tu seguías enamorada de él, y justo ahí entendiste que la única que puso todo de ella, lo más sincero y real, fuiste tú.
Los sentimientos de el, fueron temporales.
Se fue.
Lo dejaste ir.
Ayer dolió, ayer costó.
Hoy lo recuerdas, mantienes en tu memoria esa bonita historia.
Fue lo mejor de ti, pero aún duele, de vez en cuando duele.

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