La niñez es una bella etapa, de eso no hay duda, pero si hay algo que asusta a cualquier padre es ver a su lindo retoño convertirse en un ogro a la menor provocación, ¡vaya! que en ocasiones ni siquiera entendemos qué causó el berrinche.

Para situaciones como esa existen diversas técnicas, pero la que te vamos a mostrar hoy ha demostrado ser tan efectiva como simple: basta una pregunta.

¿Este es un problema grande, mediano o pequeño?”

Al preguntarle eso a un niño que estalló en llanto por algo, (por ejemplo, quiere un dulce pero no ha comido aún), lo haremos razonar tratando de medir la importancia del asunto, buscando la forma de resolverlo y solucionando el problema de raíz.

Si la causa de la rabieta es pequeña, por ejemplo que no está su juguete favorito, basta con explicarle que sólo debe buscarlo y que con gusto le ayudarás a hacerlo.

Por otro lado un problema mediano, que sería el caso de que hayan salido de casa sin su juguete favorito, se soluciona haciéndole entender que dicho juguete estará esperando en casa para cuando vuelvan.

El truco reside en identificar las dificultades que el niño percibe como grandes y no minimizarlas, por ejemplo si el juguete lo rompió su hermanito jugando. La clave es entonces ayudarle a entender que hay cosas que no se pueden cambiar, que a veces ocurren accidentes y que, de un modo u otro, podemos esforzarnos para solucionarlas, por ejemplo, ahorrando para comprar un nuevo juguete o reparando el que se rompió.

Esta técnica resulta perfecta para niños mayores de 5 años, pues a esa edad ya son capaces de razonar y dialogar con un adulto.

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