Esos hombres que te miran a los ojos mientras platicas del último libro que leíste, o de la batalla que sufre Venezuela y como tú podrías cambiar el mundo cada día, esos hombres que no te miran los pechos y se relamen los labios, mientras tú le platicas de tu pleito con tu jefe misógino, ese tipo de hombres que mientras lloras porque perdiste a tu gato y el limpia tus lágrimas y bromea diciendo que solo está teniendo una aventura, esos hombres a los que tus órganos más sexys son tu corazón y tu cerebro, esos hombres que aún se quitan el saco y te cubren del frío, que te abrazan de la nada y te besan en la frente, que te escriben un papelito “guapa, amo tu sonrisa” esos hombres que te abren las puertas y te recorren la silla, esos hombres se llaman caballeros y son los mejores. Ojalá pudiera moldear con barro unos millones para todas y cada una de las chicas que están sufriendo por un patán y poder cambiar su vida. Pero no soy Dios, pero por favor sigamos buscando a esos hombres.

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