Historias

¡Mi error fue creerte! Ya no seré parte de tu colección

Fue así hasta que entonces lo conocí a él. Se veía tan amable, tan bondadoso, diría mi abuela: “Un pan de Dios”. Mis amigos me lo presentaron, a mí al instante me flecho el corazón. Nuestras conversaciones eran largas, yo le decía todo lo que hacía, me inspiraba tanta confianza que sentía que no tenía que ocultarle nada. Apenas lo estaba conociendo y ya le había contado más de media vida mía. ¿Qué ilusa no? Pues sí, yo fui como cordero directo al matadero.

Me encantaba su forma de hablar, ¡Sabia de tantas cosas! Cuando me hablaba me quedaba atontada mirándolo, ¡No puedo negar que era bello! Pero me deje llevar por lo externo, por su físico, por su forma de hablar. Sin darme cuenta ya me había atrapado. Sentía que lo conocía de toda la vida, pero no me había preguntado si él estaba interesado de la misma forma o más de la que yo estaba de él. Esta fue la alarma que no sonó a mi oído lamentablemente.

Todo pasó muy rápido, aun siento una sensación agridulce, por un lado la tristeza de haber perdido un poco de tiempo en la vida estando con él y por otro una sensación de alivio porque ya ha salido de mi vida. Quizás el creyó que yo iba a ser la tonta de siempre y que nunca me iba a dar cuenta de sus mentiras.

A medida que avanzaba el tiempo la relación fue bajando la intensidad con la que venía, lo digo porque salíamos casi todos los días a comer, a bailar, a caminar, todo lo hacíamos juntos. Luego de unos meses más ya a él le daba flojera todo conmigo, pero con sus amigos y “amigas” no. Esto me tenía desconcertada, pensaba que yo era muy aburrida y que quizás con sus amigos se divertía más. ¡Qué tonta yo!, pero como es la vida de justa, y la verdad siempre sale a la luz, ya se acercaba el fin de sus pretextos.

Como cosas de la vida me entere que este tipo de relaciones ya era una costumbre para el, lo hacía con todas sus parejas. Al parecer su buena labia, su forma de hablar tan articulada era una red para las chicas como yo. En donde el llegaba soltaba esa gran red a ver cual chica podía caer. Ahora todo tenía sentido para mi, por fin había comprendido el por qué se había aburrido tan rápido de mi compañía.

Ya tenía en la mira a otra chica ilusa como yo. ¡Que balde de agua fría me había caído en la cabeza! Al saber que solo era “un rato” para él. Pero me arme de valor para acabar con algo que en realidad nunca había empezado. No sabía qué tiempo había determinado para mi, si eran unos 2 meses, 5 meses, no tenía idea de lo que yo era para él.

Ahora puedo estar tranquila conmigo misma, fui yo quien le puso fecha de expiración a su juego de pesca. Esto me ha dejado una gran lección, y es que para mis futuras relaciones no morderé el anzuelo tan rápido, ¿Ahora seré desconfiada? Al parecer sí.

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