Consejos

Cómo distinguir el amor del apego

No hay persona que no haya sentido alguna vez el amor, en cualquiera de sus formas: pareja, amistad, familia, amor propio, animales, o cualquier otra. Por eso, seguramente todos sepan que cuando realmente sentimos un vínculo profundo y sincero con alguien queremos compartir tiempo con ella/él, y cuidarlo como su fuera un tesoro.

Pero el amor tiene sus matices. No todo es color de rosas. Hay vínculos que pueden mantenerse en el tiempo por costumbre, por miedo, o por dependencia emocional. Y eso, al fin de cuentas, deja de ser amor. Apego es el nombre de esa relación que se sostiene solo por miedo y costumbre. Porque el más sincero y maduro es aquel que puede trascender estas barreras, especialmente la del apego, y seguir evolucionando de una forma más verdadera y profunda.

¿Cómo aprender a diferenciarlo? Chequea estos consejos para que tu relación se base en un amor real, y no en el de las películas que aunque se ve bonito puede quitarte libertad y no hacerte tan feliz como deseas.

1. El apego es egoísta. El amor, desinteresado.

Si realmente amas a alguien, quieres que el otro sea feliz, aunque eso implique tomar decisiones, o un camino que tú no quieres para ti. Si amas, no quieres guardar al otro en un cofre secreto, deseas de corazón que despliegue todo su potencial, crezca y alcance sus sueños. El apego egoísta solo busca conservar al otro cueste lo que cueste porque “lo necesita”; aunque eso implique “cortarle las alas” para que no se aleje.

2. El apego controla; el amor, libera

A diferencia de lo que muchas veces suele pasar, el amor es por definición libre. Eso quiere decir que nadie puede amarrar al otro para siempre; el vínculo es una elección que solo puede hacerse en libertad. Pero suele suceder que por inseguridades o por miedo al abandono o al fracaso, el amor se convierte en control, y eso puede llevar a un vínculo tóxico difícil de romper.

3. El apego obstaculiza; el amor, favorece el crecimiento

Ser emocionalmente dependiente del otro hace que todas las decisiones que queramos tomar, incluso las más cotidianas y pequeñas, estén condicionadas por lo que diga o haga el otro. Y eso, en el tiempo, puede frenar el crecimiento o incluso servirnos de excusa para no animarnos a dar el paso que queremos para crecer. Un amor verdadero es el que acompaña en el crecimiento, apoya y deja el espacio libre para que el otro haga su propio camino. Porque la clave para mantener un vínculo sano en el tiempo es acompañarse, no ahogarse.

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