Consejos Reflexiones

¿Cuándo es tiempo de decir adiós?

Pero como la mayoría de las cosas buenas en la vida, se fue. Un segundo estaba aquí, y al otro, se evaporó como una nube arrastrada por el viento. Me di cuenta del error que habíamos cometido y quise regresar el tiempo. En serio, lo intenté.

Sin embargo, había algo que lo impedía. O, mejor dicho, alguien…su novia. Había visto cómo el matrimonio de mis papás se veía constantemente dañado por infidelidades y desde pequeña, me prometí que yo no sería “la otra”. Así que, con el corazón hecho jirones, le dije que lo mejor sería que me dejara de hablar, que no podía ser su estúpida amiga.

Fue una época oscura en mi vida, en donde no solo estaba dañándome a mí misma con alcohol, sino que puse mi futuro en riesgo. Todo estaba demasiado inestable…yo estaba inestable, y entonces, volvió. En mi mente, era como un rayo de luz en la oscuridad. Repetimos la misma historia de la primera vez. Llamadas hasta las cinco de la mañana, confesiones divertidas, el me llamaba inolvidable, y ambos, sinvergüenzas y mentirosos, ignoramos el hecho de que teníamos pareja. Me hizo dejar a mi novio, pero él nunca dijo que haría algo con respecto a ella, y la venda cayo de mis ojos. No iba a dejarla.

Había una última oportunidad. Le dije como me sentía y respondió que solo podía ofrecerme su amistad. ¿Cómo, luego de las cosas que me decía al teléfono, podía decirme eso? Yo no suelo ser la clase de persona que dice “adiós”, a menos que sea una persona de la que esté segura de que no voy a volver a ver. Y con lágrimas en los ojos, un hueco en el corazón, le dije adiós por última vez.

Hace poco, volvió a hablarme por mensajes de texto. Sentí como agua fría cayendo encima de mi espalda y aunque todo mi ser gritaba que respondiera de inmediato su mensaje, mis dedos no se movieron. Podrían pasar dos cosas; Respondía el mensaje, volvíamos al juego de llamadas nocturnas, mientras seguía con su novia. Entonces todo por lo que estuve trabajando se perdería y mi estabilidad emocional empeoraría. Estaría confundida, pensando en cuanto lo quiero y no puedo tenerlo porque no está dispuesto a dejar su relación por mí, y volvería a arruinar las cosas en mi universidad porque estaría pegado como una garrapata a mi frágil piel, no dejando un segundo sin hablarme y recordarme que no me libraría tan fácil de su vida.

Por otro lado, respondería el mensaje y seguiríamos hablando hasta que deje a su novia y ambos comencemos una relación. Luego de estar feliz por un par de meses, llegarían las dudas… ¿me haría lo mismo a mí? ¿estaría buscando a su ex novia como lo había hecho conmigo? ¿se preguntaría si hizo la elección correcta?, Y luego, el verdadero rayo de luz me iluminó en la penumbra. Una opción que no había considerado hasta que estaba desesperada por tener respuestas y fue no responder en lo absoluto. Simple. Cumplía con mis principios y lo dejaba atrás. Escogía a mi bienestar por sobre el irrevocable hecho de que él no me podía sacar de su vida de raíz y seguir con ella, aunque eso significara que se llevaría mi felicidad por delante.

Fue ese momento de lucidez en el que escogí mi felicidad por encima de alguien más, fue ahí, cuando me escogí a mí y dije adiós.

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