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UN CORTO QUE NOS RECUERDA QUE LAS ABUELAS NUNCA MUEREN, VIVEN SIEMPRE EN NUESTRO CORAZÓN

Las abuelas no mueren, viven para siempre en nuestro corazón

En cualquier caso, esa pérdida siempre es dolorosa, pero podemos consolarnos sabiendo que aunque las abuelas ya no estén, seguirán estando presentes en nuestras vidas y estarán con nosotros en todos esos lugares que compartimos. No están en las viejas fotografías sino que viven a buen recaudo en nuestros recuerdos.

Cada quien tendrá sus propios puentes a la memoria, ya sea ese árbol que plantamos juntos, la forma en que nos atamos los cordones de los zapatos o incluso esa manía tan peculiar que heredamos o copiamos de ellas. Y lo cierto es que mientras más avancemos en el calendario, lejos de olvidarlas, nos pareceremos más a ellas porque su influjo nunca desaparece.

Este tierno corto nos enseña que los abuelos sostuvieron nuestras manos durante un tiempo mientras nos enseñaban a andar, pero luego se convierten en pilares de nuestra alma, donde vivirán eternamente como un faro de luz.

El corto titulado “Au fil de l’age” fue creado por estudiantes de la Ecole Supérieure des Métiers Artistiques y nos muestra cómo las abuelas inspiran, educan y acompañan a sus nietos durante una etapa de sus vidas.

Las abuelas no mueren, viven para siempre en nuestro corazón

Este corto hace referencia a una ley de vida: los abuelos tienen el privilegio de ver nacer y crecer a sus nietos, mientras nosotros tenemos el privilegio de acompañarles durante sus últimos años, ver cómo envejecen y le dicen adiós al mundo. De hecho, en muchos casos, su pérdida es la primera a la que nos exponemos en nuestra infancia. Otros tienen suerte y sus abuelos les acompañan durante más años.

En cualquier caso, esa pérdida siempre es dolorosa, pero podemos consolarnos sabiendo que aunque las abuelas ya no estén, seguirán estando presentes en nuestras vidas y estarán con nosotros en todos esos lugares que compartimos. No están en las viejas fotografías sino que viven a buen recaudo en nuestros recuerdos.

Cada quien tendrá sus propios puentes a la memoria, ya sea ese árbol que plantamos juntos, la forma en que nos atamos los cordones de los zapatos o incluso esa manía tan peculiar que heredamos o copiamos de ellas. Y lo cierto es que mientras más avancemos en el calendario, lejos de olvidarlas, nos pareceremos más a ellas porque su influjo nunca desaparece.

Este tierno corto nos enseña que los abuelos sostuvieron nuestras manos durante un tiempo mientras nos enseñaban a andar, pero luego se convierten en pilares de nuestra alma, donde vivirán eternamente como un faro de luz.

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