club-de-los-corazones-solitarios

El club de los corazones solitarios. ( Capitulo 36 )

Capitulo 36

Resultaba extraño porque, si bien era más que partidaria de mantener en secreto las decisiones del club, deseaba que alguien le diera a conocer a Ryan el nuevo reglamento. Aunque, al mismo tiempo, todavía no estaba convencida de encontrarme preparada para volver a salir con chicos, para correr el riesgo de que no funcionara. Qué injusto era: cuanto más me gustaba Ryan, más cuenta me daba de que podía destrozarme el corazón.
Decidí que una sesión de estudio era una «no cita» libre de peligro. De modo que invité a Ryan a casa para repasar Historia Universal. Pareció un tanto sorprendido por la invitación, pero no vaciló al aceptar.
—Y, exactamente, ¿cómo has obtenido toda esta información interna? —me preguntó mientras repasábamos apuntes en el sótano de casa.
—Bueno, tengo mis recursos —saqué un mapa de la Europa ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Durante la reunión del sábado me había enterado de que, el curso anterior, la señora Barnes había formulado muchas preguntas sobre la Segunda Guerra Mundial. Aunque sabía que los profesores no utilizaban los mismos exámenes, era bueno hacerse una idea de lo que habían preguntado anteriormente.
Además, no me lo tomaba como una forma de copiar, ya que no nos daban ninguna respuesta; sólo lo que había caído el curso anterior. Y yo aprovechaba cualquier cosa que pudiera conseguir.
—Ah, hola, Ryan —dijo mamá, que bajaba por las escaleras—. ¿Te apetece quedarte a cenar?
Ryan me miró y me encogí de hombros.
—Me encantará. Gracias, señora Bloom.
Mamá nos miró alternamente con una amplia sonrisa en el rostro. Y no es que estuviéramos haciendo nada: había libros de texto esparcidos por el suelo y Ryan y yo nos encontrábamos a un par de metros de distancia. Seguí mirándola, esperando a que dijera algo; pero continuó callada, observándonos fijamente.
—Mamá…
—Ay, perdón —se dirigió escaleras arriba.
¿Podía esa mujer, por una vez en su vida, intentar (sólo intentar) no avergonzarme?
Me sentía bastante impresionada conmigo misma, ya que Ryan y yo habíamos conseguido ser amigos durante casi dos semanas sin tragedia alguna de por medio. Aquél parecía ser nuestro acuerdo. A veces pensaba en él de una forma no del todo adecuada entre simples amigos. Pero qué le íbamos a hacer: todos somos humanos.

—¿Algún plan emocionante para las Navidades? —Ryan se puso de pie y se estiró. Miré el reloj, sorprendida de que hubiéramos estado estudiando dos horas seguidas.
—Ir de compras, a por un vestido de novia —desplegué las piernas y traté de volver a sentir el pie izquierdo.
—¿Quién es el afortunado? —me hizo un guiño.
Puse los ojos en blanco.
—No es para mí, sino para Lucy. Viene a casa por Navidad y ella, Rita y yo vamos a ir en busca de vestidos de damas de honor —Rita le había dejado muy claro a Lucy que necesitábamos dar nuestra opinión, porque se negaba a parecer una «pesadilla de tafetán rosa».
Me tumbé en el suelo y me quedé contemplando el techo.
—Estoy deseando que las dos estén en casa. Ojalá ya se hubieran terminado los exámenes finales.
—Sólo un día más —me recordó mientras volvía a sentarse—. Por cierto, me apetece mucho la fiesta de Amy, mañana por la noche.
Levanté la cabeza con tanta rapidez que incluso me mareé ligeramente.
—¡Cómo! ¿Es que vas a ir?
Ryan abrió los ojos de par en par.
—Sí, ¿te parece mal?
—No, para nada. Es que no sabía que Amy te había invitado.
Negó con la cabeza.
—Bueno, era evidente que tú no me ibas a invitar —me lanzó su carpeta.
—Bueno, lo siento… —¿por qué no habría invitado yo a Ryan?
—Pero no me invitó Amy.
Claro, había sido Diane. Qué estúpido por mi parte no haber pensado que Diane lo habría invitado.
—Tracy me pidió que fuera su pareja.
¿Tracy? ¿Mi Tracy?
«¿Le pidió que fuera su pareja?».
Traté de asimilar que Tracy no sólo había invitado a Ryan a la fiesta, sino que, para colmo, no me lo había comunicado. Por lo general, me lo contaba todo.
Era yo la que guardaba secretos.
Se me hizo un nudo en el estómago. Ay, Dios mío. Sabía exactamente lo que aquello significaba.
Por fin, Ryan había entrado en la lista de Tracy.
Era absurdo; Tracy jamás había mostrado interés por él. Tal vez fuera la razón por la que no había mencionado que nos había visto cerca de nuestras taquillas, en aquella ocasión. Pero ¿no me había dicho a principios de curso que él y yo haríamos buena pareja?
Tenía que reconocer que lo último que yo había dicho sobre el tema fue cuando proclamé que jamás saldría con Ryan, ni en un millón de años. Y nunca le había hablado a Tracy de mis sentimientos, jamás.

Miré al otro extremo del sótano y vi a Ryan tomando notas.
No podía culpar a Tracy, la verdad.
Yo había tenido semanas, ¡meses!, para pedirle que saliera conmigo.
Pero me había quedado callada.
Y Tracy no.
Tracy estaba por Ryan.
Y yo sentí ganas de acurrucarme como un ovillo y dejarme morir.

También le puede gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *