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El club de los corazones solitarios. ( Capitulo 20 )

Capítulo 20.

—Hola, Penny. Soy Niall.

Me quedé mirando el número que aparecía en mi teléfono. ¿Por qué me llamaba Niall? Era martes por la noche, y unas horas antes lo había visto en el instituto. El hecho de que únicamente hubiéramos mantenido conversaciones ligeras desde la fiesta hacía que escuchar su voz resultara aún más extraño.

—¿Hola? ¿Penny?

«¡Habla! ¡Di algo!».

—Sí, Niall. ¿Cómo te va?

—No demasiado mal. Tenía una pregunta sobre Historia. No sé si anoté bien la lección que tenemos que repasar. ¿Es la doce?

—Un momento, voy a comprobarlo… —salí corriendo hacia mi escritorio para coger el libro—. ¡****! —un latigazo de dolor me fustigó el dedo gordo del pie izquierdo al golpearlo contra la pata de la silla. Genial—. Sí, lección doce.

Se produjo una pausa al otro extremo de la línea.

—¿Estás bien?

Pues no, no estaba bien.

—Sí, perfectamente. Me he hecho daño en el dedo gordo…

—De acuerdo. Gracias, Penny —otra prolongada pausa—. En realidad, hay algo más que quería preguntarte… Eh, mis padres compraron entradas para el concierto de ese grupo que canta canciones de los Beatles. Es en el Centro Municipal, dentro de unas semanas; pero se han dado cuenta de que tienen que asistir a una boda fuera de la ciudad, así que pensaban enterarse de si alguno de sus amigos las quería. Bueno, se me ha ocurrido que estaría bien ir… si te apetece.

Niall hablaba mucho más deprisa que de costumbre, por lo que tardé unos instantes en comprender lo que decía.

No me estaría proponiendo salir, ¿verdad?

Pues claro que no. Qué estupidez. Niall estaba saliendo con esa cosa bajita de pelo rizado.

Yo era su amiga. Una amiga que, para colmo, se llamaba como una canción de los Beatles. Tenía sentido que me pidiera una «no cita» para ver a una banda que imitaba a los Beatles.

Capítulo 20. Parte 2.

—¿Hola? ¿Penny?

«Ups».

—Mmm, suena genial.

Podía seguir siendo amiga de los chicos. Niall y yo siempre habíamos sido amigos, y no había forma de que me llegara a ver de otra manera. ¿Qué había dicho en la fiesta de Harry? «Nunca haría nada con ella».

—Estupendo —respondió Niall ahora—. Diane me ha contado que tus padres están en contra de los grupos que hacen versiones y cosas por el estilo, pero le pareció que a ti te podía apetecer.

¡Diane lo sabía! ¿Por qué no me había advertido de que Niall iba a invitarme… a… una especie de cita de cortesía?

Me aclaré la garganta.

—Será divertido. Gracias por pensar en mí.

—¡Pues claro! Molará un montón asistir a un concierto de homenaje con la mismísima Penny Lane.

«¡Uf!».

—Ya hablaremos de los detalles pero, si quieres, podemos ir al centro temprano y tomar algo antes de la actuación. ¿Te parece bien?

—Me parece genial, Niall. Hasta mañana.

Colgué y me quedé mirando el teléfono.

Entonces, caí en la cuenta. Había accedido a asistir con Niall Horan a un concierto de versiones de los Beatles. Y ahora tenía que decírselo a la única persona a quien la idea le iba a horrorizar.

—¡Ay, Penny Lane! No, no y no. Me has desilusionado. Pero ¿cómo has podido?

Iba a resultar más difícil de lo que me imaginaba.

Me senté a la mesa de la cocina.

—Vamos, mamá, no es para tanto.

Mi madre soltó su taza de café y me miró como si yo fuera un monstruo de dos cabezas.

—Mira, Penny Lane: creía que, por la educación que tu padre y yo te hemos dado, nunca se te ocurriría ir a escuchar a una banda que se dedica a plagiar. Es tan… ¡Dave, échame una mano!

Papá dejó de ocultarse detrás del periódico y lo apartó.

—Verás, Becky, no creo que sea necesariamente algo malo. Al menos, Penny Lane se interesa por sus raíces. Además, considero que debemos darle un voto de confianza, en el sentido de que sabrá distinguir que lo que escucha no es nada comparado con lo auténtico, lo de verdad. ¿Te acuerdas de la vergüenza que le dio aquella masacre en la graduación de Lucy?

Sí, me había muerto de vergüenza en la graduación de Lucy, pero, por desgracia, las armas de humillación masiva fueron precisamente mis progenitores. Un pobre graduado hizo una interpretación no demasiado satisfactoria deYesterday, y mis padres estuvieron a punto de abandonar el auditorio. Se negaron incluso a aplaudir. No habría sido para tanto si los padres del chico no hubieran estado sentados a nuestro lado, grabándolo todo. Seguro que les encantó el vídeo con la banda sonora de los comentarios de sus vecinos: «Bah, qué horror… ¿Por qué la gente se empeña en manipular a los clásicos?… Sólo existe un Paul McCartney y tú, niño, no eres Paul».

—Sí, papá. Fue terrible —me levanté y empecé a vaciar el lavavajillas. Pensé que tal vez ayudaría a que el humor de mi madre mejorara.

—¿Qué dices, Becs? —papá alargó el brazo por encima de la mesa y dio un apretón a mamá en la mano.

—De acuerdo… —mamá se mostraba derrotada.

Traté de no echarme a reír mientras abría el armario superior para guardar los vasos.

—Venga, anímate. Y recuerda, ¡dentro de unas semanas tendremos invitados! —papá se esforzaba para que sonriera.

—¡Es verdad! Penny Lane, se nos ha pasado decírtelo. Tenemos una noticia magnífica. Los Taylor van a pasar el día de Acción de Gracias con nosotros. ¿No es…?

Parpadeé varias veces para recobrar la concentración mientras notaba que un vaso se me escurría de la mano. Se produjo un estallido en el suelo. Alcé la mirada y vi un gesto de conmoción en el rostro de mis padres.

¿De verdad acababan de decir…?

—Ay, Penny —mamá se levantó y sacó la escoba y el recogedor del armario de la limpieza. Me quedé ahí, parada, mientras empezaba a barrer a mi alrededor—. ¿Qué te ha pasado?

No podía ni siquiera empezar a explicarlo.

Era una auténtica pesadilla.

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