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El club de los corazones solitarios. ( Capitulo 11 )

Capítulo 11. Maratón (1/3).

Me daba cierta aprensión permitir que la noche siguiente Sisa llevara el coche a casa de Harry, pues temía que la detuviesen por conducir «bajo la influencia de un chico». Se miraba en el espejo retrovisor para comprobar su maquillaje con tanta frecuencia que se diría que estaba conduciendo marcha atrás. Cuando por fin nos paramos frente a la casa, una hilera de coches se alineaba a lo largo de toda la acera izquierda de la calle. Se escuchaba la música que atronaba desde el interior, lo que me produjo no poca inquietud. —¿Qué tal estoy? —preguntó Sisa por duodécima vez. Miré por la ventanilla y vi a dos chicas de cuarto de secundaria ataviadas con vaqueros ajustados y diminutas piezas de tela que, según cabía suponer, eran sus respectivos tops. Bajé la vista a mi camiseta de manga larga y mis pantalones de pana tostados, sintiendo cada vez más inseguridad sobre lo que se avecinaba. Nos bajamos del coche y caminamos hasta la casa. De pronto, un chico salió corriendo por la puerta principal, pegándonos un buen susto, corrió hasta los arbustos y se puso a vomitar. Harry apareció. —¡Oye, tú! No inventes. Acto seguido, empezó a hacer señas a los demás para que acudieran a mirar. Sisa se aclaró la garganta, confiando en que Harry se diera cuenta de que había llegado. Funcionó. —¡Hola, chicas! Nos hizo un gesto para que pasáramos, y noté que el corazón me palpitaba con fuerza. La peste a humo de cigarrillos se me metió en la nariz. Mi madre me iba a matar si descubría que olía a tabaco. Y cuando digo «matar», no es en plan metafórico. Harry agarró al azar un vaso de plástico de la mesa del vestíbulo y dio un prolongado trago. —Hay un barril en la cocina. Sírvanse ustedes—decretó. Luego, desapareció entre la masa humana en el salón. Lancé una mirada a la puerta, con la esperanza de que pudiéramos escapar a toda prisa. Cuando miré hacia atrás, Sisa ya se encaminaba a la cocina. Vacilé un instante, si bien opté por seguirla a través del gentío. Escudriñé el salón en busca de rostros familiares, pero sólo reconocí a los jugadores de fútbol americano de siempre, y a las animadoras del grupo de Paul. En una esquina se encontraban aquellas dos novatas de la cafetería del instituto, Missy y Ashley. Como era de esperar, los chicos se les pegaban como moscas. Llegamos a la cocina y nos encontramos con la cola para el barril de cerveza. Sisa se inclinó para hablarme, aunque no conseguí entender lo que me decía por culpa de la música que retumbaba en el equipo de estéreo del salón. Entonces, gritó: —¿Vas a beber? —No. —De acuerdo, perfecto —repuso ella. Me alegré al darme cuenta de que a Sisa aún le quedaba una pizca de sentido común. —En ese caso, te toca conducir. Pensándolo bien… La cabeza me daba punzadas al ritmo del golpeteo del bajo. Mientras Sisa aguardaba en la cola para servirse cerveza, traté de desplazarme entre la gente como si me hallara en mi ambiente, aunque me sentía tan fuera de lugar como si estuviera en exposición. —¡Eh! ¿Quién va a pimplarse una cerveza conmigo? —dijo Zayn al tiempo que efectuaba su entrada en la cocina—. ¡Margarita! —se acercó hasta mí y me rodeó los hombros con el brazo—. Mi querida Margarita ha venido, ¡bien! ¡Ya es hora de que empiece el partyo! —se puso a hacer una imitación de lo que seguramente debía de ser un robot, pero, a todas luces, había bebido demasiado para realizar con éxito cualquier paso de baile. Niall entró en la cocina y pareció un tanto preocupado al ver que Zayn me agarraba. —Oye, Zayn, creo que hay unas chicas de tercero ahí dentro que quieren enterarse de todos los detalles sobre cómo interceptaste ese balón que nos llevó al campeonato regional el año pasado. Zayn salió corriendo y entrechocó las manos con Niall. —¡Increíble! No quiero desilusionar a las damas —salió de la cocina mientras Niall negaba con la cabeza. —Me pareció que necesitabas ayuda —explicó. —Gracias, Zayn está… eh… —Sí, borracho. No paro de decirle que, uno de estos días, lo van a pillar. El entrenador Fredericks nos echaría a patadas del equipo si nos descubriera bebiendo. Asentí, pero me fijé en que Niall también sujetaba un vaso. ¿Es que iba a tener que llevar a casa en coche a todo el mundo? —Reconozco que me ha sorprendido un poco que al final hayas decidido a venir —comentó. —¿Por qué? ¿Soy acaso tan aburrida como para no asistir a una absurda fiesta de cerveza? —me sorprendió mi tono, tan a la defensiva. —No, para nada —Niall colocó las manos en alto—. Lo que pasa es que no me parecía que fuera tu clase de gente. Si te digo la verdad, me alivia encontrarme contigo. Al menos, hay alguien con quien hablar sobre algo que no sean deportes o alcohol o… en fin, ya sabes —estaba convencida de que se refería a la ruptura. Me dedicó una sonrisa a la vez que señalaba su vaso, que contenía un líquido oscuro—. Voy a por otro refresco. ¿Quieres uno? Asentí, agradecida por no tener que guardar cola para la cerveza para poder charlar con Niall. Se acercó a la encimera y puso hielo en mi vaso mientras Sisa regresaba de la cola y empezaba a beber. —No doy crédito a la cantidad de chicas que han venido —comentó—. Bueno, deséame suerte. Voy a buscar a Harry —antes de que yo pudiera decir nada, respiró hondo y se plantó en el cuarto de estar.

Capítulo 11. Parte 2. (Maratón (2/3)

—¿Te apetece alejarte de este alboroto? —me preguntó Niall a gritos por encima de la música. Asentí con un gesto. Nos dirigimos al fondo del jardín y nos sentamos bajo un enorme sauce. —Llevo tiempo queriendo hacerte una pregunta: ¿funcionó aquella lista con tus padres? —preguntó Niall. —¿Qué lista? Se pasó los dedos por el pelo. —«Las diez razones principales por las que Penny necesita un coche». No me podía creer que se acordara. —Pues no, la lista no funcionó. Ni siquiera gracias a las perlas que contenía, como la número seis: «Otro lugar donde escuchar música de los Beatles». —Y dime, ¿con qué frecuencia trabajas en la clínica dental de tu padre? Da la impresión de que siempre que acudo a un reconocimiento, estás allí. —Bah, no tan a menudo. Unos días a la semana, para ganar un poco de dinero para mis gastos —empecé a tiritar, lamentando no haberme puesto un jersey. Niall se quitó su chaqueta de cuero. —Toma, ponte esto —cogí la chaqueta y me la coloqué; me quedaba enorme, pero abrigaba—. ¿Lo pasaron bien Diane y tú la otra noche? —preguntó. Bajé la mirada al suelo. Hablar con Niall sobre Diane me resultaba violento. Por lo que se veía, ellos dos hablaban un montón, pero ¿cómo era posible? Por norma general, yo fingía que cualquier chico con el que hubiera roto (o que me hubiera plantado) había dejado de existir. Mejor aún, había muerto. —Sí, eh… ¿Acaso te extraña? —pregunté. Se quedó mirándome unos instantes. —Puede sonar raro, ya lo sé, y seguramente pareceré un pringado por lo que voy a decirte; pero, los últimos años, Diane ha sido una parte muy importante de mi vida. No me imagino sin volver a dirigirle la palabra. Por mucho que la gente no lo entienda, seguimos siendo amigos. —Más te vale tener cuidado; no vayas a provocar los celos de Zayn —le dediqué una sonrisa. Niall se echó a reír. —Año tras año sigo pensando que Malik se calmará, por fin; pero va empeorando por momentos —negó con la cabeza—. ¿Sabes?, seguramente no debería decírtelo, pero… —¿Qué? —pregunté, curiosa por el cotilleo que Niall pudiera contarme acerca de Zayn. —¿Has oído hablar de «me la pido»? Los chicos del equipo se piden a las chicas que les gustan, y así ningún otro puede ir detrás de ellas. —¿Y la chica puede opinar en este asunto? —me interesé. No me debería haber sorprendido que los chicos hicieran algo así, la verdad. Niall negó con la cabeza. —Mira: yo mismo no acabo de comprenderlo, ¿sabes? —Ajá —me alegraba enormemente de no tener que aguantar cosas así nunca más. —De todas formas, ten cuidado con Zayn. —¿Por qué? Ya sabes, aparte del acoso al que me somete habitualmente. Niall desplegó sus piernas y las estiró junto a mí. —Bueno, a Zayn le gustas un montón y te ha pedido para él. Y cuando algo se le mete en la cabeza puede llegar a ser muy persistente. «¿Oh?». «Oh». «¡Oh, no!». Me quedé en silencio. Niall me miró con expectación. Traté de no mostrarme demasiado indignada. Era lo último que necesitaba. —Lo siento —se disculpó—. No te lo debería haber contado. —Tranquilo —respondí—. Supongo que me lo tendría que haber esperado. ¿Es que queda alguna chica en nuestra clase con la que no haya salido? Niall sacudió la cabeza en señal de negación. —Te menosprecias, Bloom. Solté un gruñido. —Venga ya… Estamos hablando de Niall. No es más que… ¿Te importa que no hablemos de él? —De acuerdo. ¿De qué quieres hablar? —De cualquier cosa menos de Niall. Y seguimos hablando de cualquier cosa menos de Niall. Me contó anécdotas de su trabajo de verano como socorrista en la playa. Yo le expliqué mi teoría de que mi madre iba a dejar su empleo para perseguir a Paul McCartney a tiempo completo. Ambos reflexionamos sobre dónde se metería Michael Bergman entre clase y clase, ya que ni Niall ni yo lo veíamos en su taquilla, entre medias de las nuestras. También me enteré de que Niall se asustaba al ver a mi padre, por si se metía en un lío por no limpiarse los dientes con seda dental. (Me guardé el comentario para bromas futuras.) Entonces, Niall lo echó todo a perder al ponerse a “insultar” mi manera de ser. —¡Estás loco! —protesté. Niall echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. —Vale, de acuerdo. Entonces, ¿no admites que eres un poco afectada? —Para empezar —me defendí—, sólo a una persona así se le ocurriría semejante cosa. —Punto a tu favor —concedió él—. Pero, venga ya, Penny. No te creas que no vi lo que ocurrió el año pasado durante la inspección de taquillas. «Ah, *beep*». —No sé a qué te refieres —mentí. Niall se incorporó y nos quedamos mirándonos cara a cara. —Sí que lo sabes. Me encogí de hombros. —En serio, Niall. Quiero decir, con una afectada como yo… Se enderezó al máximo. —De acuerdo, en ese caso, contéstame: ¿escondías alcohol en tu taquilla cuando Braddock se dedicó a inspeccionar la primavera pasada? «Qué injusto». —En sentido estricto, no escondía nada en mi taquilla. —¿De verdad? —De verdad. Se quedó mirándome con expresión insolente. Sabía que me había pillado. —Sí, en el sentido más estricto, yo no lo escondí. —Pero había alcohol en tu taquilla. Asentí. —Sólo porque Michael metió su chaqueta en el último momento. —¿Y por qué hizo eso? —Porque llevaba una botella de vodka en el bolsillo. —Y… Miré a Niall, desconcertada; no había mucho más que decir. Poco antes de las vacaciones de primavera tuvimos una inspección por sorpresa. Michael se dejó llevar por el pánico y escondió su chaqueta en mi taquilla. No tuve oportunidad de decir nada, ya que Braddock estaba registrando al milímetro la taquilla de Michael… y, luego, prácticamente pasó de largo por la mía. —Espera un momento… Los ojos de Niall empezaron a lanzar destellos.

Capítulo 11. Parte 3. (Maratón (3/3).

—¿Lo ves? —¡Ay, Dios mío! La gente realmente me toma por una afectada. —Por eso lo hizo Michael. Sabía que nunca registrarían tu taquilla —se echó a reír a la vez que me daba codazos en el costado. —Vale, ¿y qué me dices de ti? Era la hora de la venganza. —¿Yo? Soy un malote —no fue capaz de mantener una expresión de seriedad. —Ah, sí. Se me olvidaba. ¿Cuántos malotes hay exactamente en el comité de seguidores de Braddock? Niall frunció los ojos. —Comité de Asesoría sobre el Alumnado, si no te importa. —Ay, perdona. Sé lo difícil que te habrá resultado hacer todos esos méritos para entrar. Ahogó un grito de forma teatral. —El objetivo de toda mi vida ha sido pertenecer a ese comité. Ni se te ocurra menospreciarlo. —Bueno, no pretendía disgustarte. Mmm… —me levanté para empezar a examinar el suelo a nuestro alrededor. —¿Qué buscas? —Tu cartera. Se puso de pie rápidamente y, antes de que me diera cuenta, me había elevado por encima de sus hombros. —¡Bájame! —grité. Se rió mientras, por toda respuesta, me daba vueltas en el aire. Hasta que me encontré de nuevo con los pies en el suelo, soltando risitas a la vez que recobraba el equilibrio, vi a Diane, que examinaba la escena que tenía ante los ojos. —Hola, chicos, eh… —Diane se mostraba lo suficientemente violenta como para que nos bastara a los tres—. Penny, te llevo buscando media hora. Ni siquiera te he visto entrar. Será mejor que pases adentro. Sisa no se encuentra muy bien. «¡Sisa!». Yo era una amiga horrible. Me había olvidado por completo de que Sisa estaba dentro de la casa, bebiendo. Le entregué a Niall su chaqueta mientras seguíamos a Diane hasta el interior. Nos condujo a un cuarto de baño en la segunda planta, donde Sisa se hallaba tumbada en el suelo azulejo, con un tono verdoso en el semblante. Me agaché junto a ella y le retiré el pelo de la cara. —¿Qué hace ésta aquí? —Sisa señaló a Diane. —Sé amable —empecé a ayudarla a levantarse del suelo. —Espera —Niall entró, enjuagó su vaso y lo llenó de agua—. Primero va a necesitar esto. Niall, Diane y yo aguardamos bajo un incómodo silencio lo que parecieron años mientras obligábamos a Sisa a beberse dos vasos de agua. Ella no paraba de lanzar miradas a Diane. —No la vas a apartar de mí —advirtió, arrastrando las palabras. Diane se dispuso a contestar, pero Niall la interrumpió. —Vale, es hora de levantarte y llevarte a casa. —¡Basta! —Sisa apartó a Niall de un empujón—. No quiero que Harry se entere de que estoy hecha un desastre. Puedo salir por mi propio pie. Primero, me voy a despedir. Diane me lanzó una mirada extraña que no supe descifrar. —Sisa, no me parece una buena idea —indicó—. En serio. Más vale que se pregunte qué te ha pasado. Si quieres, puedo decirle que un montón de chicos han querido ligar contigo… A Tracy le gustó la idea y accedió a marcharse en silencio. Mientras nos encaminábamos escaleras abajo, vimos a Zayn de pie en el sofá, sin camisa y bailando. —¡Ni hablar, Penny! —exclamó elevando la voz—. ¡No te puedes ir! Dio un traspié y estuvo a punto de tirarme al suelo. Niall agarró a Zayn para estabilizarlo. Mientras tanto, Diane trataba de mantener a Sisa levantada, pero ella no paraba de apartarla a empujones. Una auténtica pesadilla. —Margariiita —decía Zayn—. Margariiiita, ¿dónde estabas? —En el jardín de atrás, hablando conmigo —respondió Niall. Zayn le dio un empujón. —¡Oye, Horan! Mira, tienes que…, tienes que…, no puedes… —No he hecho nada, Malik. Cálmate —Niall volvió a agarrarle por los hombros—. Penny y yo somos sólo amigos. Nunca haría nada con ella. Parece mentira que no me conozcas. Sí, y parecía mentira que yo me hubiera prestado a acudir a aquella fiesta. Para empeorar las cosas, Missy llegó como un relámpago. Lanzó sus brazos alrededor de Niall y dijo: —¡Eh, tú, sexy! Te he estado buscando por todas partes. Cogí a Sisa de la mano y nos encaminamos hacia el coche. Diane le abrochó el cinturón de seguridad mientras yo ajustaba el espejo retrovisor. Niall llegó corriendo hasta el coche (de alguna manera, se las había arreglado para librarse de las garras de Missy) y dio unos golpecitos en la ventanilla. La bajé. —Lo siento. No quería darle razones para que se enfadara todavía más. —No pasa nada —empecé a manipular la radio del coche. —¿Estás furiosa conmigo? Respiré hondo. Ignoraba cómo estaba. —No, estoy perfectamente, de verdad. Esta noche ha sido un completo desastre. —Ya —repuso él con una nota de suavidad—. Pues yo me lo he pasado bien. —Me alegro por ti. Arranqué el motor e iniciamos la marcha.

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