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El club de los corazones solitarios. ( Capitulo 07 )

Capítulo 7.

Entré en la clase de Historia Universal y me encontré acorralada por todas partes. Nuestra profesora, la señora Barnes, ordenó los pupitres y me colocó entre Niall y Zayn, con Derek Simpson sentado dos filas más atrás y Andy Samuels y Steve Powell a escasa distancia. Sólo había otras tres chicas en la clase, y terminaron situadas lo más lejos posible de mí. —Caramba, hola, señorita Penny —me dijo Zayn a modo de bienvenida. Aquella mañana habíamos estado juntos en la clase de Español y (para mi gran disgusto) nos habían asignado como pareja de conversación. Zayn se pasó casi todo el tiempo inventándose palabras, para lo que añadía una «o» final a las palabras inglesas: el chairo, el sandwicho, el footballo. Niall se sentó a mi lado. —Qué sorpresa —comentó. Zayn se inclinó sobre mi mesa. —Eh, Penny, ¿qué nombre español vas a elegir? —encogí los hombros. No me había parado a pensarlo, la verdad. Zayn prosiguió—: Es que estaba pensando en elegir Nachos, y si tú eligieras Margarita, cuando hagamos un trabajo juntos, la señora Coles tendrá que decir: «Margarita y nachos, por favor». Zayn soltó una carcajada; luego, se inclinó hacia delante y puso la mano en alto. Hice todo lo posible por ignorarlo. —¿Qué pasa, Bloom? —preguntó Niall—. ¿Es que me estás engañando con Malik? En serio, pensaba que tenías mejor gusto. «Sí, como si fuera yo quien engaña. Yo no soy quien tiene novia». Zayn dedicó a Niall un gesto grosero y, acto seguido, los dos se pusieron a decir ***** acerca de cuál de ellos iba a dar más vueltas en el entrenamiento de aquella noche. Me pregunté si por la zona habría institutos sólo para chicas. Cuando escuché el último timbre del día, me sentí más aliviada que en toda mi vida. Salí del aula como si huyera de un fuego y me fui derecha a mi casillero. Allí me encontré a Diane, esperando. No a mí. A Niall. Cómo no. Aun así, me saludó con la mano. ¿Es que no tenía un casillero propio? —¡Eh, Penny! —exclamó a medida que me acercaba—. ¿Vas a ir al partido del viernes por la noche? —Sí —fingí estar ocupada buscando mi manual de Biología. No entendía por qué, de repente, mostraba tanto interés por mi calendario social. —Como si alguien fuera a perderse semejante movida —terció Zayn, que se acercaba con Niall, y, tras hacer el comentario, se paró para entrechocar las manos con él—. Hasta el padre de Horan va a estar. Sólo por eso hay que ir. Ocurre muy pocas veces, en plan, no sé, como un eclipse lunar o algo por el estilo… Niall le lanzó a Zayn una mirada furiosa y cerró su casillero de un portazo. Yo conocía a Niall desde primaria y nunca había visto a su padre. A su madre, claro que sí. Pero a su padre no. Sólo sabía que era un pez gordo entre los abogados de Chicago. Se produjo un incómodo silencio en el grupo de Niall, un grupo con el que no quería involucrarme. Cogí el móvil y se me hizo un nudo en el estómago al ver que tenía otro mensaje de Nate. No podrás ignorarme toda la vida. Pulsé la tecla «Borrar». Desde luego, pensaba intentarlo.

Capítulo 7. Parte 2.

—¿Penny? —era la voz de Diane. —¿Qué? —levanté la mirada y me fijé en que estaba sola. No me había dado cuenta de que Niall y Zayn se habían marchado. ¿Por qué seguía allí Diane? —Eh, mmm…, me estaba preguntando… —empezó a decir, nerviosa, mientras doblaba una esquina de su cuaderno—. Verás, hace mucho que no hablamos, y me encantaría que saliéramos alguna vez. Al cine, o a cenar; lo que prefieras. «Tiene que estar de broma», pensé. —Bueno, yo, eh… «¿Por qué no me dices qué andas buscando y acabamos de una vez?». —¿Tienes algo que hacer mañana por la noche? —preguntó. —Mmm… —me anduve con rodeos, tratando de improvisar una excusa para no quedar con ella. —Estaba pensando que podíamos ir al centro comercial y luego picar algo. Lo pasaríamos bien, ¿verdad? «Pues no, la verdad es que no…». Me quedé mirando a Diane. Tenía los ojos abiertos de par en par, y daba la impresión de que, realmente, le apetecía salir conmigo. O eso, o bien que estaba tan desesperada por ser la primera alumna de primero de bachillerato en convertirse en reina de la fiesta de antiguos alumnos que estaba dispuesta a llevar su campaña de promoción más allá de las líneas enemigas. «Un momento —pensé—. Ésta es Diane Monroe. La misma Diane que me dejó plantada un millón de veces. La que nunca anteponía a una amiga frente a Niall. Si accedo, tendrá que cancelar un plan con Niall. Hay cosas que nunca cambian». —Sí, estará bien —repuse. Sabía que siempre me podía inventar una excusa (como que tenía que trabajar en la consulta dental de mi padre), si es que ella no me plantaba primero. Diane dio un saltito en el aire. —¡Genial! Te pasaré a buscar mañana, después de clase. No pensaba esperarla con los brazos abiertos.

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