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El club de los corazones solitarios. ( Capitulo 05 )

Capítulo 5.

Primer día de clases. Aún no había llegado a la escuela y ya había tenido que enfrentarme al enemigo. No se trataba de Nate; se había ido. Pero era alguien de su bando. -¡Uf! ¿Puedes creer que mi hermano pequeño ya va a la secundaria? –Viki señaló el asiento posterior de su coche, donde su hermano Liam escuchaba música a todo volumen-. Y, sabes una cosa, Pen? No veo que tenga cuernos de diablo en lo alto de la cabeza. -Todavía –le dediqué una sonrisa arrogante. El pequeño Liam Payne era un alumno de tercero de secundaria…un chico…uno de ellos. Me pregunté cuándo empezaría a actuar como el resto de los alumnos de la escuela McKinley. ¿Existiría una especie de aula secreta en la que enseñaban a los chicos a convertirse en hombres atractivos de cabeza hueca? Cuando Liam se bajó del coche de Viki, no pude evitar fijarme en que se parecían más que nunca, con su pelo castaño y sus ojos color avellana. Viki me miró de arriba abajo. -Pen, esos zapatos son increíbles. Hoy estás impresionante –se aplicó una nueva capa de brillo labial y mirándose en el espejo retrovisor-. ¿Decidida a impresionar a alguien en particular? Solté un gruñido. -No. Quería estar linda para mí, nada más. La mirada que me lanzó dejaba claro que no se lo creía. Me daba igual. Iba a ser el principio de un año alucinante. Abrí la puerta de la escuela, emocionada por empezar el año escolar sin toda aquella locura de los chicos. La sonrisa en mis labios se desvaneció en un instante, pues la primera persona que me encontré fue Dan Walter, que llevaba la chamarra con las iniciales de la escuela que me había “prestado” cuando salíamos. Qué oportuno ser recibida por un recordatorio de antiguos novios terribles. Menos mal que Nate estaba en Chicago, a kilómetros de distancia. Doblé a la esquina para alejarme Dan y vi a Andy Samuels quien, al parecer, seguía siendo demasiado creído como para dirigirle la palabra a Sisa. Mientras, continué inspeccionando a mis compañeros de clase. Había recorrido aquellos pasillos en miles de ocasiones, pero me daba la sensación de haber abierto los ojos por primera vez. No veía más que chicas que se desvivían por ligar con los chicos, parejas caminaban de la mano, chicos que…Bueno, chicos a secas: escandalosos, detestables, egoístas. No buscaban a las chicas, las chicas los buscaban a ellos. Noté una vibración en mi bolsa y saqué el celular. Me detuve en seco, y Justin Reed chocó contra mí. -¡Cuidado! –dijo mientras su novia, Pam, me lanzaba una mirada furiosa. A Dios gracias no les era posible ir tomados de la mano las 24 horas del día, los siete días de la semana. Salí de mi aturdimiento. Estaba convencida de que tenía que ser un error. Pero no: el teléfono, cruelmente, confirmaba la verdad. Era un mensaje de Nate. Por su puesto: había encontrado una manera de torturarme aun sin estar cerca de mí. “Que tengas un buen primer día de clases”. ¿Qué? En primer lugar, sabía que yo no le hablaba. En segundo lugar, sólo habían transcurrido dos semanas, ¿acaso pensaba que se me había olvidado? En tercer lugar, el mensaje no podía haber sido más patético. Lo borré y arrojé al fondo de mi bolsa. Me negué a permitir que Nate arruinara un solo día más de mi existencia. -Bloom, te metiste en un buen lío! – Niall Horan estaba apoyado en su casillero, con los brazos cruzados y una sonrisa en los labios. Genial. No estaba de buen humor.

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