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El club de los corazones solitarios. ( Capitulo 04 )

Capítulo 4.

Los chicos habían muerto para mí. Sólo existía una cuestión: ¿cómo no se me había ocurrido antes? Sabía que la idea era una genialidad, pero me habría gustado que mi mejor amiga dejara de mirarme como si me hubiera fugado de una institución para enfermos mentales. -Pen, sabes que te quiero pero… “Ya empezamos.” Estábamos celebrando una reunión de emergencia en nuestra cafetería habitual, menos de una hora después de mi golpe de inspiración. Sisa dio un sorbo a su malteada mientras asimilaba mi insistencia sobre los problemas que los chicos me habían causado a lo largo de los años. Ni siquiera había llegado yo al asunto del club, ni a mi decisión de no volver a salir con nadie. -Sé que estás enojada, y con razón –razonó Sisa-. Pero no todos los chicos son malos. Puse los ojos en blanco. -¿De veras? ¿Quieres que repasemos tus listas de los dos últimos años? Sisa se hundió en el asiento. Año tras año elaboraba un listado de los chicos con los que quería salir. Se pasaba el verano calculando sus opciones antes de redactar la lista para el curso escolar, y clasificaba a cada uno por un orden de preferencia basado en la relación entre el aspecto físico, el grado de popularidad y (otra vez) el aspecto físico. Sin lugar a dudas, aquella lista causaba más sufrimiento del que se merecía. Hasta el momento Sisa no había salido ni una sola vez con ninguno de los candidatos. De hecho, nunca había tenido novio. No se me ocurría por qué. Era guapa, divertida, un poco tímida al principio, y es una de las amigas más leales y fiables que se pudieran esperar. Pero, como si ninguno de los alumnos de la escuela McKinley parecía darse cuenta de que tenía madera de novia. “Mejor para ella”, pensaba yo. Pero Sisa lo veía de otra manera. -No sé de que me hablas- respondió. -Está bien. ¿Me estás diciendo acaso que no tienes una lista nueva, preparada para la inspección? Sisa puso su bolso en la silla que tenía al lado. Por supuesto que tenía otra lista. Sólo nos quedaban unos días para empezar primero en bachillerato. -Lo que tú digas –respondió, ofendida-. Me figuro que debería tirar esa lista a la basura ya que, según tú, todos los hombres son imbéciles. Sonreí. -Empezamos a entendernos. ¡Vamos a quemarla! Sisa soltó un gruñido. -Perdiste la cabeza, está claro. ¿Te molestaría quedarte seria un momento? -Ya estoy seria. Ahora le tocó a Sisa poner los ojos en blanco. -Vamos. No todos los solteros de este planeta son seres despreciables. ¿Qué me dices de tu padre? -Y tú qué me dices de Thomas Grant?-contraataqué yo. Sisa se quedó boquiabierta. Lo admito: quizá me excedí un poco. Thomas había estado en nuestro grupo del curso anterior. Sisa se había pasado un semestre entero coqueteando con él en la clase de Química. Por fin, Thomas le había preguntado si tenía algo que hacer el fin de semana. Tracy estaba exultante…hasta que una antes de la cita Thomas le envió un mensaje por el teléfono diciendo que le había “surgido” algo. Después, no le hizo el menor caso durante el resto del curso. Ni una explicación, ni una disculpa. Nada. Típicamente masculino. -¿Y Andy Samuels?-presioné. Sisa me lanzó una mirada asesina. -Bueno, no tengo la culpa de que él no sepa que existo. El primer nombre de la lista de Sisa siempre era él mismo: Andy Samuels, alumno del último grado y jugador de fútbol americano sin igual. Por desgracia, Andy nunca había dado señales de vida de enterado de que Sisa estaba viva. Cuando yo salía con Derek, invité a Andy y a sus amigos a mi casa con el único propósito de que llegara a conocer a Sisa. Pero no le prestó la menor atención. Una de las pocas razones por las que aguanté tanto tiempo con Derek fue porque Sisa necesitaba sus dosis diarias de Andy Samuels. El simple hecho de pensar en aquella lista y en lo mucho que influía en la felicidad de mi mejor amiga me provocaba arrebatársela del bolso y romperla en mil pedazos, porque sabía que tendría que ir tachando los nombres uno por uno y acabaría en un mar de lágrimas. Sisa exhaló un suspiro y luego recobró la compostura. -Este año va a ser distinto, mejor –juró-. No sé, tengo una corazonada, en serio –sacó la lista y empezó a contemplar pensativamente los nombres de los candidatos de este año. ¿De veras yo había creído que Sisa iba a entender mi necesidad de acabar con los chicos? Ella sólo pensaba en salir con ellos. Me di por vencida…de momento. Sisa no era la única que tenía una corazonada acerca del nuevo curso.

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