Atracción en alta mar

Miguel estaba a punto de ir al salón café, tras haber terminado de comer, cuando se cruzó con Ivana, una chica Argentina que vivía en Barcelona a la que había visto antes en la cubierta del barco. Se habían conocido hacía un par de días en la misma cubierta cuando el grupo de animación estaba haciendo unos juegos. Desde ese momento, Miguel se sintió atraído por Ivana.

Ivana no era el tipo de chicas que generalmente le atraían a primera vista, pero en un barco lleno al 80% de extranjeros, con pocos españoles y muy disipados, poder charlar un rato con alguien en su idioma era un placer. Ese día el barco aún no había zarpado y se encontraban en el puerto de Savona.

Los dos viajaban solos, Ivana iba en un camarote con ventana al exterior en el puente 7 y Miguel estaba en el puente 2, en un camarote con terraza, mini bar con copas incluidas, cama de matrimonio y una cesta de fruta que se encontró al embarcar en Barcelona. Ambos se sentaron a charlar tranquilamente mientras ella bebía un vaso de agua y él se comía un pastelito de bizcocho, crema y zanahoria. Estuvieron un rato charlando sobre sus vidas. Miguel se encontraba muy a gusto al lado de Ivana y, aunque estaban rodeados de gente, se sentía como si no hubiese nadie más en toda la cubierta.

En plena conversación sus ojos se cruzaron provocando una tormenta de sentimientos. Miguel quería besarla pero temía su reacción, aunque al final decidió que no tenía nada que perder y a lo mejor mucho que ganar. Ivana recibió un beso cálido en los labios, lo que hizo que atrajese a Miguel hacia ella y le besase más apasionadamente, entrelazando sus lenguas.

– Sígueme – dijo Miguel, al tiempo que la cogía de la mano para que le siguiese en dirección a los ascensores más cercanos.

Tuvieron suerte y nadie subió ni bajó del ascensor en los ocho pisos que había desde la cubierta de la piscina hasta la del camarote de Miguel, y aprovecharon para buscarse con la impaciencia de unos adolescentes. Al llegar al camarote tal era la pasión que a Miguel le costó abrir la puerta de su camarote.

Una vez dentro, Miguel abrazó a Ivana fuertemente pero al mismo tiempo con ternura. Ella soltó su pelo largo para sentirse más cómoda al tiempo que Miguel se quitaba la camiseta, dejando su torso al descubierto. La chica hizo lo mismo y pudieron descubrir que sus cuerpos no eran perfectos pero eso era indiferente en ese momento, la atracción entre ambos era algo más que sexual. Cuando Ivana se quitó el sujetador, Miguel vio unos pechos normales, no grandes como le solían gustar a él, pero igualmente los acarició y los besó como si fuesen los más bonitos que hubiese visto en toda su vida.

Ivana empezó a excitarse al notar la lengua y los labios de Miguel recorrer sus pechos y los pezones. Al final se tumbaron en la cama, donde terminaron de desnudarse mutuamente. Las manos de Miguel buscaban por todo su cuerpo, intentando no dejar ni un lugar sin explorar, al tiempo que se deslizaba lentamente hasta alcanzar el sexo de Ivana, que se lo entregó con todo el placer que su cuerpo le permitía.

Cuando, de repente, Ivana notó el miembro de Miguel dentro de ella, le agarró de las nalgas para que empujase cada vez más dentro de ella mientras se acariciaba el clítoris. Miguel aprovechaba la penetración para seguir jugando con los pezones de la chica hasta que ella empezó a gemir de placer.

De repente, la excitación aumentó tanto que Miguel no pudo controlarse más y eyaculó, alcanzando el orgasmo al mismo tiempo que Ivana, algo que sabía que era sumamente difícil. Eso para Miguel era una buena señal, señal de un vínculo que hacía dos años que no había sentido con ninguna otra mujer.

Cuando se levantó de la cama se fue directo al mueble bar y abrió una botella de champagne benjamín que había dentro de la nevera, para brindar por ellos dos. Ivana se incorporó para coger la copa y, tras brindar y tomársela, volvió a atraer a Miguel a la cama con ella. Era el momento de iniciar un segundo round, y esta vez más pasional.