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A veces nos humillamos por amor sin darnos cuenta

Muchas veces queremos retener a nuestro lado a esa persona amada en quien hemos invertido nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestras ilusiones, sin darnos cuenta de que en esos intentos, en cada palabra, en cada ruego, estamos dejando nuestra dignidad a un lado.

Podemos estar tan sumergidos en el dolor y la desesperación que no somos capaces de hacer una pausa y ver el escenario completo, medir las consecuencias de nuestros actos y ver todo lo que estamos perdiendo por retener a alguien.

Es sencillo ver desde afuera a alguien que se arrodilla (literal o figurativamente) frente a otro intentando hacerle reflexionar, intentando hacerle recordar, dando el resto de lo que siente que le queda, mostrando fotos, dando argumentos, haciendo promesas… y pensar pobre ser, no tiene amor propio, no se valora a sí mismo y así nadie le puede corresponder.

Y esa evaluación es cruelmente cierta, las súplicas demuestran que se tiene más miedo de perder a la persona amada que perderse a sí mismo, pero esto no necesariamente es un estado permanente. Pueden ser recursos que se utilizan para tratar de darle la vuelta a una situación, intentando, de la manera que puede, generar una reacción que al menos le dé tiempo de pensar en otras estrategias de retención, reconquista, reparación de daños o sencillamente voltear la historia y ser ellos quienes pongan punto y final, o bien recobrar la cordura luego de un tiempo y reconquistarse a sí mismos.

No estamos acostumbrados a perder a quienes amamos y por ende quizás no manejemos los mejores recursos cuando queremos permanecer con alguien que ha decidido cambiar su ruta, sin nosotros en sus planes. Todos podemos en algún momento ser víctimas de nosotros mismos y pensar que las últimas patadas de ahogados generarán los efectos que deseamos.

Pero la realidad es que en el mejor escenario, ganaremos tiempo, para tarde o temprano vernos en una situación similar o peor. En los otros escenarios inspiraremos lástima, quizás algo de culpa y remordimientos, pero muy difícilmente tengamos un desenlace rosa.

Debemos aprender a aceptar, así como nos sentimos con total derecho a seleccionar con quien queremos estar, evitando daños colaterales, que los otros también tienen ese derecho, que decir “hasta aquí”, por más doloroso que se perciba es propio de cada quien, así como en algún momento esa persona decidió vincularse a nosotros, de la misma manera puede romper el vínculo y debemos aceptarlo con la mayor dignidad posible.

Aprendamos de cada una de las experiencias, que no debemos esperar que las cosas acaben para dar u ofrecer lo mejor de nosotros y que si lo hemos dado y no ha sido suficiente, pues esa persona no es la que merece estar a nuestro lado y su partida no es otra cosa que un favor que nos hacen.

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