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A quien juegue a perderte, déjale ganar

Muchas veces sentimos que alguien ha perdido el interés en nosotros, nos ha dejado de querer, hemos dejado de ser prioridad en sus vidas y en lugar de valorarnos a nosotros mismos, haciendo un análisis correspondiente de lo que hemos aportado, cambiado o restado en una relación y dejar que esa persona siga el curso que desea, nos limitamos a resistirnos a salir de la vida de quien juega a perdernos.

Si alguien ha decidido que no tenemos en su vida cabida o sencillamente desea cambiar de planes y proyectos que no nos incluyen, pues debemos con la mayor dignidad posible, cederle el espacio que demanda. Esto muchas veces suena súper sencillo de hacer, pero en la práctica, podemos sentir que se nos va un pedazo de nosotros mismos con esa distancia.

Definitivamente puede resultar muy doloroso, pero no podemos obligar a alguien a que actúe de acuerdo a lo que consideramos conveniente para nosotros, inclusive para ellos. Cada quien, afortunadamente, es libre de dedicar sus energías a lo que quiera y de poner puntos donde considere.

Muchas veces quienes intentan alejarse de nosotros no lo hacen de manera radical e inclusive buscan las maneras de que seamos nosotros mismos los que propiciemos la separación como hecho. Este escenario les permite liberarse de la culpa y los remordimientos, aunque para ello deban actuar de las formas más cuestionables.

De cualquier manera cuando alguien no quiere estar con nosotros se percibe y a distancia, el desinterés se hace presente, las ausencias son frecuentes, cualquier cosa que tenga implícito un “no me importas” es un buen recurso a utilizar y los que están más centrados y tienen mejor dominio de sus herramientas, sin mucho disimulo y sin muchos atajos dan un determinante: “hasta aquí”.

Aprendamos a querernos lo suficiente como para no desear estar al lado de alguien que ya no nos quiere con ellos, que ha dejado  de valorarnos y de sentir por nosotros todo lo que anteriormente le pudo haber dado la voluntad para quedarse, para ganarnos cada día más a través de sus acciones, de sus gestos, de sus palabras…

El amor se nota y el desamor se nota aún más, no caigamos en vacíos de donde nos costará mucho más salir, dejando allí nuestra dignidad y poniendo al descubierto las pautas de merecimiento tan pobres que podamos tener. ¡Merecemos lo mejor! Mientras no creamos esto pues nos tocará atravesar unas cuantas lecciones, así que tomemos la ruta sencilla y trabajemos en cada una de las cosas que sentimos como limitaciones y cuando las saquemos de nuestra mente, a nuestros corazones solo entrará lo mejor.

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