Historias Historias Reales De Amor

9 historias de amor reales y trágicas

No siempre las historias de amor tienen un final feliz como en las películas románticas.

Muchas veces se interponen los prejuicios, el odio entre familias, la política, la diferencia de clases, las infidelidades, la muerte y otras causas e impiden alcanzar la felicidad.

Esas historias ocurren todos los días, aquí y ahora; quizás conoces a alguien que haya sido protagonista, quizás te haya pasado a ti.

Pero hay grandes historias de amores truncos e imposibles, estas son algunas de ellas.

1. Marco Antonio iba camino a las provincias de Oriente para pacificar una revuelta en Judea cuando se encontró con Cleopatra VII de Egipto. Tras el flechazo instantáneo se hicieron amantes. Pasaron un invierno juntos, él partió a Roma; cuatro años después regresó con su amada, abandonando su familia y sus obligaciones militares, por lo que fue declarado enemigo. Marco Antonio y Cleopatra vivieron por muchos años una vida llena de lujos, pero en septiembre del año 31 A.C. se realizó una batalla en la que su flota fue vencida por Octaviano. Pensando que ella estaría muerta, Marco se suicidó. Sabiendo la suerte que le esperaba como prisionera, la emperatriz también se quitó la vida.


2. Muchos dicen que la historia de los amantes de Teruel es solo una leyenda, pero hay historiadores que aseguran fue real. Habría ocurrido en el siglo XIII y se cuenta que Juan Martínez de Marcilla e Isabel de Segura se enamoraron, pero el padre de ella, un rico comerciante, rechazó al pretendiente debido a su escasa fortuna. Martínez no se dio por vencido: pidió un plazo de cinco años para poder mejorar su situación y partió a la guerra. Pasado el plazo sin noticias, Isabel pensó que su amado había muerto en batalla y aceptó casarse con otro. El mismo día de la boda, Juan regresó cargado de riquezas, pero fue demasiado tarde. Enamorado y desesperado, rogó a Isabel que al menos se despidiera de él con un beso, pero ella se lo negó por estar ya casada y el joven cayó muerto a sus pies. En su funeral, Isabel se acercó hasta el cadáver de su amado y lo besó, cayendo en ese momento desplomada junto a él.

3. Bonnie y Clyde se conocieron en la fiesta de unos amigos en común y de inmediato se reconocieron como amantes de las armas y de los coches. Tenían 22 años cuando comenzaron a vivir su romance y decidieron comenzar a robar, siendo intensamente perseguidos por la ley. El itinerario sangriento de Bonnie Elizabeth Parker y Clyde Chestnut Barrow duró desde principios de 1932 hasta mayo de 1934, cuando murieron acribillados por seis policías durante una emboscada. En esos años, 18 personas, entre civiles y policías, terminaron muertas en sus actos delictivos. La prensa sensacionalista los hizo famosos ya que ridiculizaban a la policía que no podía atraparlos. Bonnie y Clyde formaron parte de la primera generación de ladrones que creció con el cine y la radio y como uno de sus allegados era aficionado a la fotografía, existen muchas imágenes de ellos, posando con armas al lado de sus vehículos. Bonnie escribía poemas y su ferocidad en sus andanzas contrasta con sus románticas obras.


4. Juana la Loca y Felipe el Hermoso estaban prometidos en matrimonio, pero no se conocían. Sin embargo, el día que lo hicieron se enamoraron perdidamente. Ella era la tercera hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (los Reyes Católicos) y nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479., mientras que él era el hijo menor del Emperador Maximiliano I y María de Borgoña. Heredó innumerables títulos nobiliarios: duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes. Al conocerse, se instaló en ellos una profunda atracción y se casaron el 21 de agosto de 1496. Tras el nacimiento de su primera hija, Leonor, el príncipe perdió interés en su pareja y comenzó a engañarla con las mujeres de la corte, comenzando una historia de celos y obsesión que trastornaron a Juana. En un arranque de celos, ella cortó el cabello de una de sus damas de compañía, acusándola de ser amante de su esposo. Cuando este falleció, ella estaba embarazada y cuando su hijo Carlos ascendió al trono, encerró a su madre alegando una enfermedad mental que nunca pudo ser comprobada, pero que se asentaba sobre los celos enfermizos y la conducta de Juana, quien pedía destapar todos los días el féretro de su esposo. Juana falleció en 1555 tras más de 30 años de cautiverio.

5. La historia de Inés de Castro y el Rey Pedro de Portugal encaja perfectamente en la definición de amor trágico. Ella era dama de compañía de la segunda esposa de Pedro, hecho que no impidió que se enamoraran perdidamente. Al morir la reina, el monarca quiso casarse con la plebeya, pero la corte y el padre del futuro Rey se negaron, por lo que mandaron asesinar a la mujer. Cuando Pedro por fin accedió al trono reveló su matrimonio en secreto con Inés, pero su amor nunca pudo realizarse. Antes de morir, Pedro pidió ser enterrado pies contra pies con respecto a Inés, así el Día del Juicio Final, al resucitar se verían a los ojos.


6. Las estrellas de cine Katharine Hepburn y Spencer Tracy protagonizaron una historia de película. Él estaba casado con Louise Treadwell desde 1923, pero cuando conoció a la bella actriz en el rodaje de “La mujer del año” supieron que eran el uno para el otro. Juntos rodaron 9 películas e iniciaron una relación de la que todos sabían, pero nadie se atrevía a reconocer. Estuvieron juntos 26 años, hasta la muerte de él. Tracy nunca quiso divorciarse de su esposa porque se sentía responsable de la enfermedad que tenía, pero decidió estar junto a la actriz. La complicada situación lo llevó a hundirse en el alcohol. El día de su muerte Katherine lo llevó al hospital y le llamó a su esposa para que fuera a verlo. La actriz nunca visitó su tumba.

7. La historia de Abelardo y Eloísa tiene todos los ingredientes de una trágica historia de amor. Él nació en 1079 en Palais, Alta Bretaña, una aldea próxima a Nantes. Berengario, su padre, era culta e ilustre y educó a todos sus hijos. Abelardo fue destinado a la carrera militar, pero la abandonó por su pasión por el estudio, cultivando todos los saberes de su tiempo, incluyendo la música y el canto y fue su avidez por el saber que renunció a su herencia como a su primogenitura. A los 20 años, Abelardo se marchó a París, dedicándose a la filosofía. Estableció una escuela en la colina de Santa Genoveva y a la misma atrajo a una gran multitud de alumnos de los que mereció profundo respeto, destacándose en filosofía y teología, así como en la retórica.

Eloísa era una bella joven de talento excepcional, sobrina de Fulberto, canónigo de París. Había nacido en 1101 y tenía entonces 17 años. Abelardo vivía en casa de Fulberto y sedujo a Elosía bajo el pretexto de cultivar su formación filósofica.

Cuando ella quedó embarazada, él la raptó y la llevó a Bretaña, donde nació un niño en la casa de la hermana de su amante.

Cuando Abelardo regresó a París, Fulberto lo esperaba vengarse: sus emisarios mutilaron al seductor de su sobrina.

Eloísa tomó los hábitos en el convento de Argenteuil y Abelardo ingresó en el convento de Saint-Denis. Más adelante, el abandonó el claustro y retomó la enseñanza y al debate filosófico. Por sus ideas y discusiones teológicas, fue rechazado por los monjes de Saint-Denis y debió retirarse a la diósesis de Troyes, donde se comprometió con una vida austera y rigurosa. Allí fundó el oratorio al Paracleto o Espíritu Santo Consolador, del que mas tarde Eloísa fuera abadesa.

En el Concilio de Sens, en 1140, San Bernando venció a Abelardo en una discusión pública. Fue condenado a cárcel perpetua, sentencia que luego fue conmutada por la clausura en un monasterio. Años después, el abad de Cluny, Pedro el Venerable, logró reconciliar a Bernardo y Abelardo.

Abelardo murió en la abadía de San Marcelo, en Chalons-sur-Saone, el 21 de abril de 1142, a la edad de 63 años. En sus últimos tiempos, había abandonado sus ideas heréticas, rechazando el arrianismo y el sabelianismo. Eloísa reclamó su cuerpo.

Ella murió en 1163, pero recién en 1808 los restos de ambos amantes fueron depositados juntos en el Museo de monumentos franceses de París. En 1817, ambos fueron depositados en una misma tumba, en el cementerio del Pere Lachaise. Aunque los arqueólogos cuestionan la autenticidad de los restos., es indudable que Abelardo y Eloisa nunca dejaron de amarse apasionadamente, protagonizando la terrible desdicha de un amor imposible.

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